La noche del viernes 14 de septiembre de 1945 quedó marcada para siempre como la más oscura en la historia del CF Monterrey. En aquella ocasión, el autobús en el que el plantel de Rayados viajaba rumbo a Guadalajara para disputar el tercer partido de la temporada se incendió mientras cargaba combustible en San Juan de los Lagos.
La mayoría de los jugadores dormía y fue despertada de manera abrupta por las llamas. Hubo varios heridos y, tras semanas de agonía en el hospital, dos futbolistas terminaron perdiendo la vida.

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La tragedia llegó hasta Costa Rica
Una de las víctimas fue Enrique Lizano, recio defensor central que había sido figura del Club Sport Herediano y uno de los referentes de la Selección de Costa Rica que dirigía Ricardo Saprissa.
En la Tricolor compartió vestuario con leyendas como Alejandro Morera Soto y José Rafael Fello Meza, y fue campeón de los Juegos Panamericanos de 1935, logro que terminó de abrirle las puertas del fútbol internacional.

Un jugador de la Selección de Costa Rica perdió la vida en la tragedia de Monterrey (Rayados).
Cuando firmó con Monterrey, su idea era cumplir un contrato breve y regresar con su familia en Costa Rica. Ese regreso, sin embargo, nunca ocurriría mientras Don Enrique estuviera con vida.
Ocho décadas sin Enrique
En una época de comunicaciones lentas y precarias, la familia Lizano, radicada en Heredia, quedó sumida en el desasosiego tras el accidente, sin saber con certeza qué había ocurrido ni dónde había sido enterrado Enrique.

Enrique Lizano, el Rayado olvidado (Diario El Norte).
“Se vivió una incertidumbre muy grande de no saber en qué lugar específico de México estaba. Toda esa etapa fue prácticamente el ciclo de vida completo de los hijos de Enrique, con la excepción de mamá”, recordó Diego Víquez Lizano, nieto del ex futbolista y quien terminó poniendo fin a un tormento que se extendió por 80 años.
El final del misterio
El quiebre llegó hace dos años, cuando dos de los nietos del ex florense se toparon con una nota de un diario mexicano que detallaba con precisión el lugar de sepultura: el Panteón del Carmen, en Monterrey.
“Nos pusimos a buscar la forma de traerlo a Costa Rica, hasta que el diario El Norte y el periodista Jesús Carvajal se interesaron en el tema. Él publica un artículo llamado Un Rayado olvidado y, a partir de eso, el club empieza a involucrarse de lleno”, contó Diego en diálogo con La Teja. Según relató, el apoyo del periodista fue clave para tender puentes con Monterrey, que terminó asumiendo todos los trámites y gestiones en México.

Enrique Lizano estaba enterrado en Monterrey (La Teja).
“Fue muy emocionante cuando escribí por WhatsApp al cementerio en Monterrey y me respondieron que efectivamente estaba enterrado ahí. Luego, el momento de la exhumación del cuerpo también fue sumamente emotivo”, recordó. Además de hacerse cargo de los costos de la exhumación y el traslado de los restos, el club rindió un homenaje a aquel rayado olvidado el pasado mes de noviembre: se plantaron dos árboles en una de las entradas del Estadio BBVA con placas con los nombres de los dos fallecidos, y se entregaron reconocimientos a los familiares.

La familia Lizano recuperó las cenizas de Don Enrique (La Teja).

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Así, mientras 2025 llegaba a su fin, las cenizas de Enrique Lizano finalmente arribaron a la casa de Doña Zaifa Lizano Madriz, la única hija del ex defensor que sigue con vida a sus 85 años. Ocho décadas después, la familia pudo despedir al hombre que murió como Rayado y casi cae en el olvido. “Fue como cerrar un ciclo”, resumió Diego para La Teja.





