Escorpiones de Belén consiguió el ascenso a la Primera División de Costa Rica sin disputar el repechaje que debía jugar contra Guadalupe, y días después sumó su primera victoria en la máxima categoría sin pisar la cancha.
San Carlos tenía suspendida su licencia por una deuda con la Caja Costarricense de Seguro Social y la Unafut determinó un triunfo por 3-0 en el escritorio para los belemitas. Así, la nueva temporada de la Liga Promérica empezó con un equipo ganando dos partidos decisivos desde las oficinas.

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La situación parece absurda, pero funciona como una radiografía bastante precisa de la actualidad del fútbol tico. Cada temporada aparece un nuevo escándalo y la reacción desde la Fedefútbol siempre llega tarde, forzando a reorganizar el torneo sobre la marcha.
Un campeonato que no para de perder clubes
Guanacasteca perdió su licencia en abril de 2025; semanas después ocurrió lo mismo con Santos de Guápiles. Ambos equipos quedaron fuera de la Primera División por irregularidades administrativas y financieras, y el torneo pasó de doce a diez participantes.
Un año más tarde llegó el turno de Municipal Liberia, cuando el Comité de Licencias le negó la autorización para disputar el Apertura 2026 por falta de transparencia financiera e inconsistencias legales.

Liberia descendió de la Liga Promérica luego de la detención de su ex presidente por una causa ligada al narcotráfico (CR Hoy).
En paralelo, Wilder Eusse Osorio, entonces presidente y principal inversionista de los Coyotes, fue detenido a pedido de Estados Unidos por dos delitos de conspiración para fabricar y distribuir cocaína con intención de introducirla en territorio norteamericano.
El control llega demasiado tarde
Fedefútbol puede exhibir las resoluciones del Comité de Licencias y afirmar que aplicó el reglamento, pero el problema de fondo seguirá siendo que los controles detectan el desastre cuando las irregularidades ya son insostenibles, dejando a las instituciones implicadas al borde de desaparecer.
Un sistema de licencias debería poder anticiparse a estas situaciones, revisando periódicamente la procedencia de las inversiones y comprobando quién controla realmente cada sociedad.
Fedefútbol no reacciona a tiempo (Julieth Méndez).
Santos, Guanacasteca y Liberia sucumbieron por problemas administrativos en un período demasiado corto, lo que puede interpretarse como una señal de que el modelo actual del fútbol de Costa Rica permite que las malas prácticas avancen hasta desvirtuar el curso del campeonato.
La Federación presidida por Osael Maroto debería explicar por qué se permitió que las deudas definieran un ascenso y cómo es posible que la sombra del narcotráfico envolviera a un equipo de Primera División antes de que alguien encendiera las alarmas.

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Los estadios semivacíos que se están repitiendo a lo largo de la primera jornada del Apertura 2026 no son ninguna casualidad: el campeonato pierde toda su credibilidad cuando un club desaparece, otro asciende sin jugar y un tercero inicia la temporada con su licencia suspendida.





