Boca Juniors volvió a sacar chapa en el Monumental. Con un mediocampo de gala y una defensa que no dejó fisuras, el Xeneize se impuso a River Plate por 1 a 0 en una nueva edición del Superclásico del fútbol argentino.
El equipo de Claudio Úbeda golpeó en el momento justo, aguantó los embates del local y se llevó tres puntos de oro que no solo sirven para escalar en el campeonato, sino para seguir estirando la histórica paternidad sobre su eterno rival.
Paredes, jerarquía pura y el grito sagrado
Si había un jugador diseñado a la medida de este tipo de encuentros, es Leandro Paredes. El campeón del mundo fue la figura rutilante de la tarde en Núñez. Manejó los hilos del partido, metió la pierna cuando el trámite se puso áspero y tuvo la sangre fría para definir el encuentro.
En el tiempo adicional de la primera mitad, tras la intervención del VAR por una mano en el área, el capitán xeneize agarró la pelota pesada. Sacó un derechazo letal que dejó sin opciones a Beltrán, se besó el escudo y clavó un “Topo Gigio” de cara a la tribuna local que quedará en los pósters.
Lautaro Di Lollo, una muralla infranqueable
Si Paredes fue el cerebro y el verdugo, Lautaro Di Lollo fue el candado de la victoria. El juvenil xeneize se recibió de hombre en Núñez, sacando absolutamente todo lo que cayó en el área. Por arriba y por abajo, fue una muralla impenetrable que desesperó a los atacantes de River.
Con una defensa blindada por Di Lollo, Boca jugó el partido que mejor le sienta: inteligente, agazapado y cediéndole la iniciativa a un River que nunca supo qué hacer con la pelota.
En síntesis
- Leandro Paredes ratificó su rol de líder absoluto; pidió el penal en el momento más caliente, no falló y manejó los tiempos del equipo hasta que salió.
- Lautaro Di Lollo se consagró con una actuación de 10 puntos, ganando todos los duelos individuales y desactivando cada centro que River lanzó al área por desesperación.
- La polémica del último minuto y el reclamo airado de los locales solo decoraron una victoria xeneize que se construyó desde la solidez táctica de Claudio Úbeda.
