El esperado Clásico Capitalino de Honduras entre Olimpia y Motagua terminó en un episodio lamentable tras ser suspendido este domingo, cuando todo apuntaba a una verdadera fiesta futbolística en el Estadio Nacional de Tegucigalpa.
La decisión fue tomada por el árbitro Said Martínez, luego de los fuertes enfrentamientos que se registraron en las afueras del recinto, donde grupos de aficionados de ambos equipos protagonizaron actos de violencia con lanzamiento de piedras y otros objetos.
El ambiente se tornó aún más crítico cuando, según reportes preliminares, se escucharon detonaciones, lo que obligó a las autoridades a reforzar la seguridad ante el alto riesgo para jugadores, cuerpos técnicos y aficionados presentes.
“La decisión de no pitar el partido es irrevocable. El carro de Saíd Martínez está destruido y no está en condiciones para salir a impartir justicia. No se juega, la decisión se tomó en conjunto y no se dirigirá, no vamos a salir a pitar”, comentó el árbitro asistente Cristhian Ramírez a la radio HRN
Violencia desata la suspensión
La situación se salió de control rápidamente, dejando como saldo varios aficionados y policías heridos, además de daños materiales en vehículos e infraestructura en los alrededores del estadio, lo que hizo inviable la realización del encuentro.
Uno de los detonantes de la crisis fue la presencia de la barra de Olimpia, que tenía prohibido asistir al partido, pero que aun así se hizo presente, encendiendo los ánimos y provocando una escalada de violencia que terminó por empañar la edición 291 del clásico.
Ante este panorama, los organizadores y autoridades de seguridad optaron por la suspensión preventiva del encuentro, priorizando la integridad de todos los involucrados. Hasta el momento, no hay una nueva fecha definida, mientras el fútbol hondureño vuelve a quedar bajo la lupa por los recurrentes episodios de violencia en los estadios.
