La crisis institucional que atraviesa Hércules FC continúa generando repercusiones luego de que el plantel denunciara ante la Federación Salvadoreña de Fútbol una situación de impago salarial y una polémica condición relacionada con raparse el cabello para recibir el sueldo. En medio de la controversia, el presidente del club, Carlos Rovira, llegó este miércoles a las instalaciones federativas para dialogar directamente con los futbolistas.
El conflicto surgió luego de que, según fuentes cercanas al equipo, el gerente deportivo Carlos Villagrán se presentara al entrenamiento para transmitir un supuesto mensaje al plantel: que para recibir el pago de sus salarios debían raparse la cabellera. Esta versión fue la que llevó a los jugadores a acudir ante la federación para formalizar la denuncia por atrasos en sus pagos.
Ante estas acusaciones, Rovira fue enfático al asegurar que la junta directiva nunca emitió esa orden. El dirigente explicó que desconoce el origen de la instrucción y que iniciará una investigación interna para esclarecer qué ocurrió realmente dentro de la institución. “No le podría decir de quién fue la orden, tengo que indagar quién fue”, señaló el presidente del club.
El dirigente también reiteró que la postura del club es apegarse a la legalidad y evitar cualquier situación que pueda interpretarse como una falta de respeto hacia los jugadores. “Nosotros nos apegamos a la ley y no vamos a hacer nada en contra ni tratar de humillar a nadie”, afirmó Rovira, quien insistió en que la directiva no ha tomado decisiones de ese tipo.
Rovira reconoció además que existe un atraso en el pago de salarios, lo que motivó la denuncia presentada por los futbolistas ante la FESFUT. Sin embargo, aseguró que el club está trabajando para resolver la situación y que el hecho de que los jugadores hayan acudido a la federación refleja que en el equipo existe libertad para expresar sus reclamos.
Finalmente, el presidente explicó que la polémica sobre raparse el cabello habría surgido inicialmente en tono de broma durante un entrenamiento, como parte de una tradición en la que se corta el cabello a jugadores que debutan en primera división. No obstante, reconoció que la situación se salió de control, por lo que quiso dejar clara su postura: “No es ningún requisito para su pago. El pago es un derecho universal y no voy a jugar con la comida de los jugadores”.
