El delantero Elías Gumero atraviesa un momento estelar en el Apertura 2025, combinando su mejor versión futbolística con el cierre de sus estudios universitarios, una dualidad que refleja disciplina, identidad y compromiso. Para Usulután, el Luis Ángel Firpo es mucho más que un club: es herencia, tradición y orgullo. En ese entorno nació la historia del atacante pampero, hoy figura indiscutible del torneo y ejemplo de perseverancia dentro y fuera de la cancha.
Con ocho goles y un rol determinante en la ofensiva del plantel usuluteco, Gumero disfruta la madurez deportiva que buscó desde su llegada en 2023. Sin embargo, su ambición no se limita al césped: está a punto de culminar su licenciatura en idioma inglés, una meta que jamás pospuso a pesar de la exigencia competitiva. Su equilibrio entre deporte y educación se ha convertido en un rasgo que lo distingue tanto como su olfato goleador.
Del Barrio al futbol profesional de El Salvador
El origen de esta historia está en el Barrio La Merced, muy cerca del estadio Sergio Torres Rivera. Allí, un niño de siete años insistía en entrar a la Escuela de Fútbol Atlético de la Merced, dirigida por el profesor Pedro Sánchez, pese a que la edad mínima era de 12. “Me habían dicho que no me iban a tomar en cuenta”, recuerda el jugador. Pero la insistencia, acompañada por el apoyo de su padre, abrió una puerta que cambiaría su vida. Desde entonces, el fútbol se convirtió en un ritual cotidiano: bicicleta al hombro, entrenos por la colonia Masferrer y pura felicidad.
Su ascenso profesional fue un trayecto de retos y crecimiento. El primer impulso llegó en tercera división, bajo la guía del profesor Manuel Murillo. Más tarde vinieron la segunda división con El Vencedor, luego Topiltzin, la Liga INDES, y finalmente Firpo, el destino que siempre imaginó desde niño. Cada paso implicó dudas, ilusión y un firme deseo de avanzar, un camino que lo consolidó como uno de los talentos más sólidos del departamento.
El sueño de vestir la camiseta pampera nació cuando tenía apenas nueve años, en sus primeras visitas al Sergio Torres Rivera como aficionado. Hoy, cada partido representa la realización de ese anhelo. “Jugar en Firpo para mí significa orgullo, porque es todo lo que algún día quise ser”, explica. Ese vínculo emocional se refleja en su entrega, su liderazgo silencioso y su afán de dejar una huella en el club de sus amores.
Aunque su primer año no estuvo exento de adaptación, su carácter y valores terminaron por cimentar su lugar. Gumero no solo aspira al campeonato, sino a que la afición lo recuerde por su humildad, respeto y cercanía. “Me gustaría entrar en la historia de este equipo”, afirma. En una época donde la inmediatez domina el deporte, su historia resalta como un recordatorio de que la pasión, la constancia y la identidad también marcan goles decisivos.
