Akram Afif no es solo la gran figura de Qatar para el Mundial 2026. También es uno de los futbolistas más particulares del torneo: un atacante talentoso, de peinado llamativo, pasado europeo, vínculo con Xavi Hernández y dueño de uno de los festejos más virales de los últimos años.
Su nombre volvió a tomar fuerza antes del debut qatarí porque sobre él cae buena parte de la esperanza de una selección que quiere dejar atrás la floja imagen de la anterior Copa del Mundo. En un equipo que necesita desequilibrio, creatividad y personalidad, Afif aparece como el jugador distinto.
El futbolista que Qatar mira para ilusionarse en el Mundial 2026
Afif llega al Mundial como una de las caras más reconocibles del seleccionado qatarí. Juega en Al-Sadd, uno de los clubes más importantes del país, y comparte protagonismo ofensivo con Almoez Ali, su socio más conocido en ataque.
Qatar necesita que Afif sea mucho más que un nombre propio. El equipo busca competir en un grupo exigente y sabe que sus posibilidades dependen, en gran parte, de lo que pueda generar su futbolista más creativo. Cuando el partido se cierra, cuando falta una pausa o cuando se necesita una jugada distinta, el balón suele buscarlo a él.
No es casual: Afif tiene desequilibrio, visión de juego y una capacidad especial para aparecer en momentos importantes. Por eso, más que un simple extremo, funciona como el generador de fútbol del equipo.
Por qué le dicen el Ronaldinho de Qatar
La comparación con Ronaldinho no aparece por casualidad. No significa que Afif tenga la misma dimensión histórica que el crack brasileño, pero sí ayuda a explicar su estilo: un jugador de fantasía, gambeta, sonrisa, atrevimiento y recursos poco comunes.
Afif juega con un punto de espectáculo. Le gusta encarar, inventar, asistir y romper el molde. En un fútbol qatarí, muchas veces asociado al orden colectivo, él representa la chispa individual. Ese rasgo lo convirtió en una figura diferente dentro de Asia y en uno de los jugadores más entretenidos de ver en su selección.
También hay una cuestión estética. Su peinado excéntrico, su forma de moverse y su manera de celebrar los goles refuerzan esa imagen de futbolista con aura de showman. Afif no pasa inadvertido: ni por cómo juega, ni por cómo se muestra.
El festejo mágico que dio la vuelta al mundo
El momento que terminó de instalar su apodo de “mago” llegó en la final de la Copa Asiática 2023, cuando Qatar enfrentó a Jordania. Afif fue la gran figura de la noche: marcó un triplete de penales y lideró a su selección hacia otro título continental.
Pero el detalle que se volvió viral no fue solo el gol. Después de convertir, Afif se acercó a la cámara, sacó una carta que tenía escondida en la media y realizó un truco de magia en plena celebración. En cuestión de segundos, la carta cambió frente a todos y el festejo recorrió el mundo.
No fue una celebración improvisada. Fue una puesta en escena. Afif transformó un gol en un acto de ilusionismo y confirmó algo que ya se intuía: le gusta jugar con el espectáculo, dentro y fuera del campo.
Su relación con Xavi Hernández
Otro punto clave para entender su carrera es su relación con Xavi Hernández. Afif creció futbolísticamente en un entorno donde la influencia española fue muy fuerte: pasó por la cantera del Sevilla, por el Villarreal, por el Sporting de Gijón y también compartió etapa en Al-Sadd, el club donde Xavi jugó y luego entrenó.
Ese contacto con Xavi y con una escuela más asociativa ayudó a moldear parte de su juego. Afif no es solo velocidad o desequilibrio; también entiende cuándo pausar, cuándo soltar la pelota y cómo conectar con sus compañeros.
En Al-Sadd terminó de consolidarse como una estrella. Allí encontró continuidad, protagonismo y un contexto ideal para transformarse en líder ofensivo. Su carrera europea no explotó como muchos imaginaban, pero su regreso a Qatar lo convirtió en el rostro más importante del proyecto futbolístico del país.
De promesa europea a ídolo de Qatar
Afif fue durante años una de las grandes promesas del fútbol qatarí. Se formó en la Aspire Academy, pasó por el fútbol español y llegó a pertenecer al Villarreal, convirtiéndose en uno de los primeros jugadores qataríes en abrirse paso dentro del mercado europeo.
Su etapa en España no terminó de consolidarlo en la élite, pero sí le dio experiencia, roce y una formación distinta. Después, en Al-Sadd y con la selección de Qatar, encontró su lugar natural: un escenario donde podía ser protagonista absoluto.
Con la selección, fue parte central del crecimiento qatarí. Ganó peso en la Copa Asiática 2019, volvió a ser determinante en la edición de 2023 (fueron bicampeones al conquistar ambas) y ahora llega al Mundial 2026 como el jugador que puede cambiar la percepción internacional sobre Qatar.
