Un 29 de noviembre de 1973, en la Ciudad de Guatemala nacía Claudio Ariel Rojas. Apenas dos años después, su familia decidió darle un giro a su vida y trasladarse a la populosa Buenos Aires, capital de Argentina, donde el pequeño inició un recorrido que marcaría su vida para siempre.
Formado íntegramente en las divisiones inferiores de River Plate, compartió camada con nombres que luego serían leyenda, como Ariel Ortega y Matías Almeyda, a quien el propio Rojas considera como “un hermano de la vida”.
El paso de Claudio Ariel Rojas por River Plate
El chapín se estrenó como profesional en la temporada 1993, con apenas 19 años, bajo la dirección técnica de Daniel Passarella. “Cuando debuté y empecé a jugar lo hacía de volante por la izquierda. Marcelo (Gallardo) era el más definido como enganche. Ariel (Ortega), a veces, jugaba más por la derecha y Enzo Francescoli se convertía como un falso delantero. A veces nos marcan como diez a todos, pero Passarella lo supo ver y analizar inteligente”, recordaba en 2020 dialogando con ESPN.
Gambeteador y escurridizo, Rojas contaba con condiciones de sobra, pero le resultó muy difícil hacerse un lugar en un plantel plagado de figuras consagradas. Aun así, puede jactarse de algo que muy pocos logran: fue campeón en las dos temporadas en las que integró el plantel profesional de River, pese a haber disputado apenas 17 partidos oficiales con la camiseta millonaria.
Para él, la experiencia de jugar en el imponente Estadio Monumental es imposible de describir: “Llegaba, jugaba, salía del estadio y seguía sin entender lo que pasaba. Era único”.
El legado del chapín perdura en Núñez
En Argentina no se olvidan de Claudio Rojas. Su nombre forma parte del Museo de River Plate, un reconocimiento que le llega al corazón. “Me comentan que estoy en el museo de River Plate y eso me llena el alma, me satisface un montón. El cariño es lo que me quedó hoy en día. Es el cariño recíproco que hay con la gente y eso no tiene palabras”, aseguró el ex futbolista, hoy con 52 años y retirado de la actividad desde 2008.
La falta de continuidad en River lo llevó luego a San Lorenzo, donde tampoco logró afianzarse y disputó apenas ocho partidos. Su etapa en el fútbol argentino se cerró en Instituto de Córdoba, con 24 encuentros y un gol.
Más tarde, regresó a Guatemala, donde terminó de construir una carrera exitosa: ganó cinco títulos con Comunicaciones FC y tres con Municipal, cerrando una trayectoria que lo llevó a defender el uniforme de la Selección Nacional de su país.
