El 8 de mayo del año 2000 se selló uno de los fichajes más polémicos en la historia del fútbol costarricense. Rayner Robinson, conocido como “Winyi”, tenía todo preparado para convertirse en nuevo jugador de Liga Deportiva Alajuelense; incluso, los manudos ya habían convocado a una conferencia de prensa para las 5:00 p.m. en la que anunciarían oficialmente su contratación.
Sin embargo, el limonense nunca apareció en Alajuela. Minutos después, el país entero se sorprendía al verlo sentado en una silla en el Deportivo Saprissa, rodeado por tres dirigentes tibaseños, vistiéndose con la camisa morada y convertido en uno de los futbolistas mejor pagados del plantel.
¿Por qué cambió de opinión?
Robinson había estado de acuerdo con lo que le ofrecía Alajuelense, pero luego su representante revisó con lupa el contrato y surgieron algunos puntos que le generaron inquietud. Ante ese escenario, se activó el contacto con Saprissa, que lo recibió ese mismo lunes en el estadio y cerró la firma.
El propio ex delantero reconoció que, antes de estampar su rúbrica con la “S”, era aficionado a Alajuelense y que le ilusionaba vestirse de rojinegro porque el club atravesaba un buen momento deportivo.
Tras marcar 20 anotaciones con Limón, Robinson buscaba un salto que le permitiera mantener la curva ascendente de su carrera. Sin embargo, en la balanza terminaron pesando factores económicos y algunas condiciones del contrato morado, lo que lo llevó a cruzar de vereda a último momento.
“La gente en la calle siempre me pregunta por qué no me fui a la Liga. Es una decisión que cambia la vida. En los primeros días la gente le va a decir cosas, pero al final queda en segundo plano si la familia está bien”, contó varios años después en una entrevista con La Nación.
“Saprissa me ofreció un mejor salario y el estudio. Y me incliné por eso. El sábado estaba todo concretado con la Liga y solo faltaba la firma, pero no llegamos a eso. El domingo la directiva de Saprissa me habló y el lunes ya me esperaba en el estadio”, explicó “Winyi”, que luego de colgar los botines sería condenado a 8 años de prisión.
La traición que marcó un quiebre
Tras lo ocurrido, el entonces presidente manudo Rafael Solís lanzó una frase que quedó para la historia del mercado tico: “Ya no hay pacto de caballeros”. Semanas más tarde, Alajuelense respondió presentando a Steven Bryce como su nueva figura, un jugador de ADN morado que, en su primer clásico en la Cueva, marcó un doblete y lo celebró sin vergüenza.
Por su parte, Rayner Robinson tuvo dos etapas en Saprissa, en 2000 y 2003, con un rendimiento aceptable, aunque le tocó convivir con una de las épocas más duras del club en lo financiero, marcada por fuertes limitaciones económicas que alejaron al Monstruo de la pelea por el título.
