A principios del nuevo milenio, el nombre de Daniel Arce sonaba fuerte como uno de los grandes proyectos del fútbol tico. Nacido el 17 de febrero de 1986, era un zaguero central de 1,85 metros que llegó a ser capitán y uno de los puntos más altos de aquella Selección de Costa Rica que disputó cuatro partidos en el Mundial Sub-17 de Finlandia 2003.
En Tibás lo veían como el defensor del futuro y más de un aficionado lo comparaba con referentes como Gabriel Badilla o Víctor Cordero. Su debut con el primer equipo del Deportivo Saprissa llegó en 2006, con 20 años, en una victoria 4-3 ante Puntarenas en La Cueva.
La promesa que no pudo despegar
Pese a todo ese cartel, Arce nunca llegó a consolidarse en la Primera División como se esperaba. En 2010 buscó asentarse lejos de Tibás: pasó por Pérez Zeledón, la UCR, Uruguay de Coronado e incluso por Liga Deportiva Alajuelense, donde no alcanzó a disputar ni un solo minuto oficial.
Durante esos cambios, al defensor lo acompañaba un miedo muy concreto: el de la vida después del fútbol. “Nosotros estábamos criados para solamente el fútbol y creíamos que eso era lo único que existía. Uno de mis temores fue: ‘Hijuepucha, yo desde los 15 años ando pateando una bola y qué trabajo voy a conseguir después?’”, contó alguna vez en entrevista con La Nación.
Con responsabilidades familiares desde joven, Arce entendió temprano en su carrera que debía capacitarse fuera del fútbol y se metió a estudiar Administración de Empresas, mientras pedía a Dios una señal de cuándo dar el paso definitivo fuera de las canchas.
El salto fuera del fútbol
La señal llegó antes de los 30. Cuando tenía 29 años, decidió que era momento de colgar los botines y no atender los pedidos de Uruguay de Coronado para que continuara. “Salí del fútbol porque varios amigos que son exfutbolistas me ofrecieron una opción de trabajo, básicamente lo que hacíamos era asesorar hoteles para huéspedes en línea. Yo comencé a trabajar en la parte comercial, era con Andrey Campos y Harry Ocampo. A los seis meses la empresa la compró BAC y para acelerar el proyecto nos llevaron”, recordaba Arce en 2019.
De aquel salto afirmó sin dudar: “Fue mi mejor decisión, porque salí con la edad correcta para hacer carrera profesional. En ese momento tenía 29 años e iba para 30, quería buscar solución a un miedo que tenía”.
Sin estudios formales terminados, se lanzó de lleno a un mundo completamente nuevo. “Yo a Andrey Campos le dije: ‘Lo único que sé hacer es patear una bola, y solo sé respaldar a mi superior en una cancha, así que si me contrata tiene que enseñarme’. Él solo se sonrió y me dijo: ‘Vamos con el dueño de la empresa’”, relató. A partir de ahí, comenzó a formarse de manera empírica en el sector financiero, aprendiendo desde cero y construyendo una carrera estable lejos del mundo del fútbol.
“Para nada extraño el fútbol”
Aunque muchos pensaron que se retiró demasiado joven, Arce ha reiterado una y otra vez que no se arrepiente. “Con el tiempo uno aprende a digerir que lo que Dios tiene para uno es y punto, ya sea bueno o no, por corto tiempo o largo. Tal vez no compartí muchas cosas de compañeros que tuvieron una carrera más larga o mejor, pero al menos yo, cuando vi que las cosas no estaban tan claras, nunca quise ser un jugador que se retirara a los 36 años sin saber qué hacer. Por eso a mis 29 ya tenía en mi cabeza buscar un trabajo serio y eso me permitió salir sano”, explicó.
“Para nada extraño el fútbol. Lo único que me hace falta es que ahora el estrés tengo que ver cómo lo saco. Antes jugaba fútbol y esa era mi pasión y ahí perdía el estrés; ahora corro dos veces a la semana, hago una clase de CrossFit, pero no siempre… Yo no soy una máquina y en algunos momentos me siento agobiado por las presiones, entonces es necesario botar el estrés”, agregó.
Hoy, con 39 años, Daniel Arce continúa en el sector bancario, disfruta de la crianza de su hija Daniela y se alejó para siempre de las presiones, incertidumbres y dolores que alguna vez le trajo el fútbol.
