Argentina y Cabo Verde debían enfrentarse este viernes por los 16avos de final del Mundial 2026 en el Miami Stadium, pero el inicio del partido quedó condicionado por el clima.
FIFA informó que la situación se debe a “la actividad de relámpagos que se aproxima al estadio”, por lo que el operativo quedó bajo seguimiento antes del comienzo del encuentro.
El Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos informó que este viernes hay tormentas dispersas a numerosas en el sur de Florida, con rayos frecuentes, fuertes chaparrones y ráfagas aisladas de hasta 45 mph como principales amenazas. Además, el pronóstico para Miami marca calor intenso, humedad y posibilidad de tormentas durante la tarde y la noche.
La última decisión de la FIFA
La organización comunicó que a las 17:30 de Miami entregará una nueva actualización para definir si el partido puede comenzar en horario o si finalmente deberá retrasarse. La decisión dependerá de la evolución de la tormenta en la zona del estadio y de las condiciones de seguridad para jugadores, cuerpos técnicos, árbitros, trabajadores e hinchas.
Por ahora, no se trata de una suspensión definitiva. El escenario más probable, si la actividad eléctrica continúa cerca del Miami Stadium, es una demora preventiva hasta que las autoridades autoricen el ingreso o la permanencia segura en la cancha. Este tipo de medidas son habituales cuando hay rayos en las inmediaciones de un evento deportivo al aire libre.
El partido sigue a la espera de la actualización oficial de FIFA, que será clave para saber si el cruce arranca como estaba previsto o si la definición por un lugar en octavos deberá esperar.
El protocolo de la FIFA para tormentas eléctricas
Cuando se detecta actividad eléctrica cerca del estadio, las autoridades del partido activan un protocolo preventivo de seguridad. Esto implica detener el inicio del encuentro o interrumpirlo si ya comenzó, hasta que no haya riesgo de rayos en la zona.
Si se detecta la caída de rayos en un radio de 13 kilómetros alrededor del estadio, el partido deberá detenerse de inmediato por un mínimo de 30 minutos.
La decisión no depende únicamente de la lluvia ni del estado del campo de juego, sino de la amenaza que representa una tormenta eléctrica para jugadores, árbitros, cuerpos técnicos, trabajadores y aficionados.
